13 julio, 2020

Una reflexión sobre el 25 de noviembre

El 25 de noviembre es el Día de la eliminación de la violencia contra las mujeres, una jornada de visibilización de un problema que se sigue produciendo todos los días.

Normalmente me dirijo indistintamente a hombres y mujeres, pero esta vez voy a hablarnos a nosotros, a los hombres. Sin duda, muchos os habréis preguntado qué tenéis que ver en todo esto de la violencia machista si nunca habéis pegado ni violado a nadie, por lo que conviene repasar primero alguno de los tipos de violencia que se ejercen contra ellas.

En primer lugar tenemos la violencia física y la sexual. Son las más obvias. Los hombres no solo somos los menos afectados por violaciones y agresiones, sino que además somos los principales perpetradores, y hay datos que lo confirman a pesar de que lo que diga la ultraderecha.

Pero no queda ahí. La brecha salarial es una realidad, tanto en retribuciones como en acceso a puestos de responsabilidad. Somos los principales consumidores de prostitución mientras que son las mujeres quienes más la ejercen. Seguimos entendiendo las relaciones de pareja como una posesión y no una elección, llegando a aislar socialmente a nuestras compañeras cuando son “nuestras” e incluso en algunos casos amenazando o agrediendo a hijos para que ellas tengan miedo.

Por si no fuese bastante, lo exteriorizamos más allá de las relaciones interpersonales al permitimos criticar e insultar a mujeres en redes sociales y al decirles directamente que modifiquen su actitud, su forma de vestir o la de actuar porque están enviando mensajes confusos y aquí no pasa nada. Y seguimos viendo con normalidad el interrumpir y llevar la iniciativa en una conversación y comportamientos sociales androcéntricos que fomentan los estereotipos de género sin hacer nada al respecto porque a nosotros no nos afecta.

Esto son sólo algunos ejemplos, sin entrar en otros tipos de violencia hacia las mujeres y que nosotros no sufrimos, como son la institucional, la obstétrica o la patrimonial.

¿Y qué hacemos nosotros mientras tanto? Hacernos las víctimas. Repetir hasta la saciedad que ellas no se quejan cuando no pagan por entrar en una discoteca, preguntar qué pasa con los maridos asesinados por sus mujeres y afirmar falsamente que ellas se quedan todo en los divorcios cuando los beneficiados son los hijos, no sus tutoras.

Lo fácil cuando tienes privilegios es dejar que todo siga como hasta ahora, convertirse en un “cuñado” y perpetuar tópicos machistas.

  • Pero no, cuando te separas no es bueno para tus hijos que te oigan decir que su madre es una “tal” o una “cual”.
  • Ayudar en casa no es igualdad, porque estás asumiendo que las tareas son de ella; en cambio, practica la corresponsabilidad.
  • Asume que el feminismo no es lo contrario al machismo y que “feminazi” es solo un insulto hacia quienes buscan la igualdad.
  • Deja de pedir un Día del hombre; el día de los privilegiados es todos los días.
  • No te quejes de que no te dejan participar en espacios feministas, convierte en feminista tu espacio.
  • Y, sobre todo, metámonos en la cabeza lo de que “no, es no”.

No debería ser tan difícil de entender aunque a algunos os lo parezca. Además de hombres, somos o podemos llegar a ser padres, compañeros, hijos y amigos de otras mujeres. Simplemente pongámonos en su lugar.

Y para eso no basta con que los hombres seamos conscientes de que las mujeres están siendo discriminadas, sino que es preciso que tomemos consciencia de que nosotros somos los favorecidos por esa discriminación Es nuestro deber callarnos ante ellas cuando tenemos que hacerlo y renunciar a nuestros privilegios, no solo a título individual, sino convenciendo y denunciando a otros hombres que no están dispuestos a dar ese paso. Ellas saben tomar el poder, lo que tenemos que hacer nosotros es soltarlo.

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