14 agosto, 2020

Populismo, redes sociales y desigualdad

El progreso de las ideas depende mucho de las condiciones sociales, pero también de saber propagarlas y de la forma en que la propaganda se haga”.

Esta frase de Pablo Iglesias Posse sigue vigente en pleno siglo XXI, donde a los grandes medios de comunicación se han unido las redes sociales como motor de creación de opinión, pero también de difusión de bulos y de propaganda mal disimulada. Esto no las convierte en intrínsecamente malas, pues depende del uso que de ellas se haga, es decir, de las personas. Pero es innegable que las redes sociales se han convertido para muchos de nosotros y nosotras en su primera fuente de información, sobre todo para quienes recelan de los presuntos intereses partidistas que pueda tener la prensa tradicional pero a quienes les cuesta distinguir el sesgo ideológico de mucho de lo que se publica en dichas redes.

Pero al final, incluso los principales debates políticos que se producen en las redes sociales sobre temas nacionales versan sobre las mismas cuestiones que tratan la mayoría de noticias y columnas de opinión de los grandes medios de comunicación: escándalos como el caso Villarejo, pactos y guerras internas -hoy lo de Errejón presentándose por Más Madrid para las elecciones regionales es el tema del día-, pactos y acuerdos entre unos y otros (ahora toca Andalucía) y Cataluña.  El populismo ha sabido hacer uso de las redes sociales y le ha ganado ya varias batallas a la acción política -en cuanto forma de movilización, ya que no es una ideología en sí misma-, ya sea por la ambigüedad ideológica y de lenguaje propia populismo de izquierdas o por el discurso de señalar a los demás como culpables de todo lo que pasa del populismo que se sitúa más a la derecha.

Mientras participamos en los debates en twitter y en las charlas de los bares sobre el procés, Gran Hermano o la crisis del Real Madrid, el último barómetro publicado por el CIS (noviembre 2018), refleja que la independencia de Cataluña no está entre los 5 primeros problemas que tenemos en España y ni siquiera entre los primeros 15 que más nos afectan directamente. Al final, lo que nos preocupa viene a ser lo que muchas personas razonables vienen denunciando desde hace mucho: el paro, la precariedad laboral, la situación económica, el fraude, la sanidad, la educación o las pensiones.

La ideología debe ser una parte muy importante de los partidos políticos, pues es la herramienta de la que, tanto partidos como intelectuales, artistas y líderes sociales, se han servido a lo largo de la historia para ejercer la labor pedagógica que la política tiene, pero sin tergiversarla hasta el punto de olvidar que el mayor problema con el que nos topamos día a día es el de la desigualdad, ya sea económica, laboral o de derechos, sin olvidar los grandes temas transversales y que afectan muy directamente a los anteriores, como la desigualdad de género o la xenofobia.

Como dijo Bertolt Brecht, “primero va el comer, luego va la moral”.

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