14 agosto, 2020

Más de la mitad de la población sufre violencia a diario

Hablas con otras personas sobre violencia hacia las mujeres y en muchos casos sus primeros pensamientos van al ámbito más personal, donde se dan los asesinatos machistas, las agresiones físicas, las humillaciones, los abusos sexuales o el acoso. Casos en los que nos a veces cuesta involucrarnos por temor personal o por simple creencia de que “no hay que meterse porque es cosa de ellos” (qué mala es la inercia). Mal; la violencia hacia las mujeres no es tolerable, pero excede el ámbito personal. Existen muchos tipos de violencia a las mujeres, más allá del ámbito doméstico, donde también se sufren humillaciones, violaciones, violencia patrimonial y utilización de los hijos e hijas como arma para causar dolor y sufrimiento.

Pero hay una parte de violencia muy social, que toleramos a diario, que vemos en los medios a través de mensajes que estereotipan a la mujer y la convierten en un objeto. Y no hablo sólo de publicidad, ya que podemos enumerar por ejemplo la cosificación del cuerpo femenino, la hipersexualización infantil (son niñas, no tienen por qué ser modelos de nada), la gestación subrogada, que no es más que convertir a las mujeres en “hornos de hacer bebés” para que alguien se los compre, la prostitución o la aceptación de los celos como algo “normal” en una relación amorosa.

Si profundizamos, no podemos quedarnos ahí cuando el problema es estructural, cuando se produce violencia obstétrica aplicando episiotomías no consentidas, cuando se normalizan los dolores menstruales –y si no preguntad las dificultades de diagnóstico que sufren en muchas ocasiones quienes padecen la endometriosis- o cuando simplemente hacemos un chiste y decimos que una mujer “se pone loca” cuando tiene la regla. Existe una aceptación social muy amplia de la misoginia y los micromachismos, que se refleja también en la violencia institucional que sufren las mujeres cuando se les priva de recursos en la lucha contra la igualdad o cuando no se dota de los suficientes medios legales para evitar la desigualdad laboral. Las empresas de más de 250 personas en plantilla están obligadas a elaborar y aplicar un Plan de Igualdad pero, ¿y el resto? Me han llegado a argumentar que en las empresas pequeñas es muy difícil de hacer porque en muchos casos carecen de representación sindical. La solución ha de pasar por otras vías y las medidas para favorecer la igualdad salarial y la integración de las mujeres en el mercado de trabajo no han de verse únicamente en leyes que, según quien gobierne, tendrán o no dotación suficiente para su aplicación, sino con medidas de obligado cumplimiento en los convenios colectivos, sean sectoriales o de empresa; y esto último por poner solo un ejemplo.

Al final, todos los días son 25 de Noviembre. Es necesario que exista el 25N o el 8M, pero la violencia hacia las mujeres y la desigualdad –cuesta separarlo en dos términos cuando están tan estrechamente ligados- ha de abordarse a diario, por parte de todos y de todas pero también por parte de las instituciones, agentes sociales, entidades, empresas, etc. Los problemas sociales los ha de afrontar toda la sociedad en su conjunto.

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