13 julio, 2020

A vueltas con la conciliación laboral

Cada vez son más las empresas (grandes) que implantan medidas que impulsen la conciliación de la vida laboral y la personal, como son la flexibilidad horaria y la implantación del teletrabajo, además de otras que llevamos años viendo y que nos han vendido como conciliación, como son la existencia de escuelas infantiles cerca de polígonos industriales y tecnológicos.

Respecto a las escuelas en centros de trabajo, tengo una opinión bastante negativa. Lejos de conciliar, crear escuelas junto a los centros de trabajo refuerza la cultura presencial que caracteriza a las empresas españolas. Es muy cómodo pensar que les tenemos cerca por si tenemos que hacer algún “sobreesfuerzo” (los empresarios siguen temiendo el concepto “horas extras” y tienen sus eufemismos) y salimos un poco más tarde, sin que nos demos cuenta de que alargar en exceso las horas que un niño/a pasa en un aula no es una ventaja para nuestra situación, sino que es un perjuicio para los/as menores.

Son cada vez más los centros educativos que han ido eliminando las jornadas partidas. Este es un debate muy caliente aún en algunos colegios, entre quienes defienden las ventajas de no alargar exceso las jornadas lectivas de los menores y quienes no tienen dónde dejarles porque sus trabajos no les permiten recogerles antes. Un debate que en ocasiones se calienta en AMPAs y grupos de whatsapp y en el que habitualmente se nos olvida que el profesorado también tiene derecho a la conciliación.

Las empresas (de nuevo, mayoritariamente grandes) que optan por flexibilizar los horarios suelen partir de una base, en mi opinión, nociva: la jornada partida. En los tomos sobre Responsabilidad Social Corporativa ofrecen esta medida como un avance a la hora de que su plantilla concilie, además de permitirles mejorar el servicio que prestan a sus clientes. Además, comienzan a implantar la posibilidad de realizar alguna jornada de teletrabajo, más por no perder el rebufo de la competencia y parecer así una empresa moderna que por creer realmente en una medida que, por poner un ejemplo, diversos sindicatos llevaban años pidiendo en sectores ligados a las TIC.

El problema no es que se pongan más o menos medidas, sino que éstas son parches para suavizar los efectos de la mentalidad de una, todavía grande, mayoría del empresariado: rinde más quien más trabaja, no quien trabaja mejor.

Si realmente quieren conciliar, los empresarios (lo digo en masculino porque es lo que aún impera) deberían implantar definitivamente las jornadas intensivas, aceptar de una vez el control horario (las horas extras no compensadas dan para otro post entero) y tener en cuenta el enfoque de género en dichas medidas pero también en las nuevas contrataciones, que sigue siendo muy común encontrar en plantillas grandes a mujeres cobrando menos por hacer lo mismo.

Trato de no ser más malpensado de la cuenta, pero a veces me pregunto si los empresarios siguen manteniendo los mismos conceptos de productividad y flexibilidad de hace 20 años y lo que nos venden es una mentira.

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